– 18 de Julio, #recuperarlamemoria


Uno ya tiene una edad, soy hijo de los perdedores de la guerra, igual que la mayoría. Algunos se piensan que la ganaron y no saben que todos la perdieron en forma de años de represión, atraso cultural, atraso económico… Miedo, sobre todo, mucho miedo… Incluso nuestra situación de déficit democrático tiene su origen en la guerra.

Como explicó Javier Cercas en “Anatomía de un instante” sobre el golpe de estado del 23-F, todo el mundo se acojonó y nadie sé movió;  la imagen de la guerra civil estaba tan incrustada en nuestros circuitos neuronales que impidió cualquier reacción popular.

Recuerdo a mi abuelo materno llorar cuando le pregunté, de pequeño, si había matado a mucha gente. No hablaba nunca de la guerra y cuando se hablaba del “frente”, es decir, las trincheras de primera línea, callaba, se entristecía o lloraba.

Y qué no le pasaría a mi abuela materna que estaba sola con las tres hijas… y que odiaba tanto a los italianos que habían entrado en Casalarreina

El terrible Pozo de los Perros, donde los falangistas, entre ellos un tal Patato, lanzaban sobre al río Oja a los que se habían significado como republicanos dentro de un saco y ardiendo… O los camiones cargando a los hombres sospechosos de ser socialistas para llevarlos a fusilar…

O un tío mío, llamado Pedro, muerto en el frente del Ebro, la idealización de un hermano por parte de un niño (mi padre) que vio como mis abuelos habían perdido a su hijo, y que otros dos estaban luchando en el frente de Aragón-Cataluña. Las penurias del frente de Teruel, los asaltos a las trincheras…

Recuerdos explicados por mi padre en los que, en una acción heroica, sus hermanos consiguieron reducir a unos oficiales republicanos que se estaban pasado a los Nacionales y que intentaban volar el pantano de TREMP para impedir que pasaran las tropas republicanas en la Batalla del Ebro…

O el miliciano muerto a la entrada del pueblo: Sástago, con la boca abierta en la que intentaban entrar las prosaicas piedrecitas lanzadas por los niños… Al final, todo son recuerdos de un niño que vivió la guerra y que se los pasó a su hijo, yo.

¿Qué es real, qué es mito familiar, qué es recuerdo inducido?

Muchas historias que se están perdiendo… La entrada de Franco en Bilbao, un anacronismo que mi madre recuerda y que no creo que viviera, en todo caso se lo explicaron.

O como recibió mi abuela paterna la noticia de su hijo muerto en el frente por la espalda… ¿Una bala perdida, o tal vez, un quintacolumnista, o un comisario comunista que le impidió la retirada? Mi padre prefería la muerte de su hermano mediante la traición de un quintacolumnista, es una muerte más épica, pero otras versiones de la familia dicen que era difícil ya que era artillero…

La memoria tiene eso, que te deja un sabor de boca, una idea de cómo debieron ser las cosas. La memoria se conforma a partir de los hechos vividos, los sentimientos involucrados y los aderezos particulares.

Algunos interpretan la memoria y la llaman Historia, otros como  George Orwell son la memoria: Homenaje a Cataluña.

Algunos piensan que ganaron la guerra pero su memoria tiene amnesia, todos perdieron, excepto los de siempre.

Yo he visto cosas que vosotros no creeríais: atacar naves en llamas más allá de Orión. He visto Rayos-C brillar en la oscuridad cerca de la Puerta de Tannhäuser. Todos esos momentos se perderán en el tiempo como lágrimas en la lluvia. Es hora de morir

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– El horno del vidrio


Cuando murió mi padre, lo incineramos. Para mí fue su mejor elección, su recuerdo no está lagrimas_de_vidrio-2-1787circunscrito a un frío nicho de cementerio, sé que está donde quería, en el Horno del Vidrio.

No es un cuento, no. Es un trozo de tierra que su familia tenía en los Monegros y en el que pasó sus mejores años de niño y adolescente después de la guerra.

Las historias que nos contó siempre tenían 3 ejes temáticos, su vida como agricultor de grandes extensiones de secano, sus recuerdos de la guerra civil y de los maquis de la posguerra y, finalmente, la caza.

Una de las tierras de su familia era denominada como el Horno de Vidrio. Por lo que pude averiguar era un horno de vidrio veneciano, o algo parecido. Sospecho que mirando hacia el pasado debió ser un horno de vidrio árabe. Allí íbamos, al menos una vez cada verano, toda la familia a pasar el día cuando eramos pequeños todos los primos. Buscábamos entre los rastrojos del trigo y la tierra lo que llamábamos cornetines. Eran lágrimas de vidrio, gotas que debían salir del soplador, sobrantes de la pieza que el artesano debía hacer. Encontrábamos anillos, vasijas, pequeñas paredes de vasos…

Este horno debió estar bastante aislado de la población donde vivían los árabes pues el pueblo: Sástago estaba a muchos kilómetros. Nadie de mi familia recuerda las ruinas o las paredes del horno. Por tanto, debe ser difícil datar el momento en que fue operativo.

Los Monegros, así como el Monte de Sástago es extraño. Primero por su extensión, son muchos kilómetros cuadrados de verdadero desierto y, a pesar de esa extrema sequedad recuerdo pequeños bosques de sabinas. Hay algún lago salado donde antaño se extraía la codiciada sal. Está el Ebro que rodea a Sástago, lo que aprovecharon los árabes para hacer pequeños saltos de agua, canalizar el río, y hoy en día es aprovechado por una pequeña central hidroeléctrica. De igual forma oigo como mi padre narraba el encuentro con el cráneo de algún ahogado, todavía con pelo… ¡Qué raro, extraño y enigmático me ha resultado siempre su pueblo y su monte!

Es territorio de combates aéreos entre republicanos y nazis alemanes. De pequeño me embargaba la confusión el ver una cruz nazi recordando a un piloto que murió al ser derribado sobre el cielo del pueblo. ¿Qué hacía allí un nazi muerto? No lo podía entender. Ahora sí.

Mi padre ayudó a los maquis a pasar de Aragón hacia Cataluña. Pasaban ocultos entre los fardos de regaliz que trían en carros hasta Falset al Priorat.

De alguna forma, ese pequeño terreno que ya no pertenece a ninguna persona de mi familia rindió un homenaje a mi padre cuando llevamos allí sus cenizas. Delante de nosotros pasaron 5 hermosos ciervos astados. Eran fuertes, altivos y vigorosos y hacían contraste con el árido paisaje. Encontramos balas de la guerra. Eran checoslovacas, del año 34 y utilizadas por los republicanos. Aquello fue un teatro de operaciones de los anarquistas. Buenos tiempos. Mi abuelo fue un colectivizador colectivizado en esa época. Como diría aquel: “Yo he visto cosas que vosotros no creeríais. Atacar naves en llamas más allá de Orión. He visto Rayos-C brillar en la oscuridad cerca de la Puerta de Tannhäuser. Todos esos momentos se perderán en el tiempo como lágrimas en la lluvia. Es hora de morir.”

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