– El horno del vidrio


Cuando murió mi padre, lo incineramos. Para mí fue su mejor elección, su recuerdo no está lagrimas_de_vidrio-2-1787circunscrito a un frío nicho de cementerio, sé que está donde quería, en el Horno del Vidrio.

No es un cuento, no. Es un trozo de tierra que su familia tenía en los Monegros y en el que pasó sus mejores años de niño y adolescente después de la guerra.

Las historias que nos contó siempre tenían 3 ejes temáticos, su vida como agricultor de grandes extensiones de secano, sus recuerdos de la guerra civil y de los maquis de la posguerra y, finalmente, la caza.

Una de las tierras de su familia era denominada como el Horno de Vidrio. Por lo que pude averiguar era un horno de vidrio veneciano, o algo parecido. Sospecho que mirando hacia el pasado debió ser un horno de vidrio árabe. Allí íbamos, al menos una vez cada verano, toda la familia a pasar el día cuando eramos pequeños todos los primos. Buscábamos entre los rastrojos del trigo y la tierra lo que llamábamos cornetines. Eran lágrimas de vidrio, gotas que debían salir del soplador, sobrantes de la pieza que el artesano debía hacer. Encontrábamos anillos, vasijas, pequeñas paredes de vasos…

Este horno debió estar bastante aislado de la población donde vivían los árabes pues el pueblo: Sástago estaba a muchos kilómetros. Nadie de mi familia recuerda las ruinas o las paredes del horno. Por tanto, debe ser difícil datar el momento en que fue operativo.

Los Monegros, así como el Monte de Sástago es extraño. Primero por su extensión, son muchos kilómetros cuadrados de verdadero desierto y, a pesar de esa extrema sequedad recuerdo pequeños bosques de sabinas. Hay algún lago salado donde antaño se extraía la codiciada sal. Está el Ebro que rodea a Sástago, lo que aprovecharon los árabes para hacer pequeños saltos de agua, canalizar el río, y hoy en día es aprovechado por una pequeña central hidroeléctrica. De igual forma oigo como mi padre narraba el encuentro con el cráneo de algún ahogado, todavía con pelo… ¡Qué raro, extraño y enigmático me ha resultado siempre su pueblo y su monte!

Es territorio de combates aéreos entre republicanos y nazis alemanes. De pequeño me embargaba la confusión el ver una cruz nazi recordando a un piloto que murió al ser derribado sobre el cielo del pueblo. ¿Qué hacía allí un nazi muerto? No lo podía entender. Ahora sí.

Mi padre ayudó a los maquis a pasar de Aragón hacia Cataluña. Pasaban ocultos entre los fardos de regaliz que trían en carros hasta Falset al Priorat.

De alguna forma, ese pequeño terreno que ya no pertenece a ninguna persona de mi familia rindió un homenaje a mi padre cuando llevamos allí sus cenizas. Delante de nosotros pasaron 5 hermosos ciervos astados. Eran fuertes, altivos y vigorosos y hacían contraste con el árido paisaje. Encontramos balas de la guerra. Eran checoslovacas, del año 34 y utilizadas por los republicanos. Aquello fue un teatro de operaciones de los anarquistas. Buenos tiempos. Mi abuelo fue un colectivizador colectivizado en esa época. Como diría aquel: “Yo he visto cosas que vosotros no creeríais. Atacar naves en llamas más allá de Orión. He visto Rayos-C brillar en la oscuridad cerca de la Puerta de Tannhäuser. Todos esos momentos se perderán en el tiempo como lágrimas en la lluvia. Es hora de morir.”

Anuncios
A %d blogueros les gusta esto: