– ¿Qué es la mente?


Siempre le doy vueltas a tres enigmas desde que tengo uso de razón (más o menos):

1. Qué es y qué implica el Universo: Sus límites, sus estructuras, su “realidad”, su finitud/infinitud…

2. Qué es la vida: Qué pasa para que demos el paso de la materia a la vida…

3. Qué es la mente, espíritu…

La mente… el espíritu, la consciencia… hace tiempo que tengo la certeza de que la consciencia es fruto de la sobrecomputación del cerebro. Cuando nuestros circuitos neuronales cubren todas nuestras necesidades neurológicas para controlar nuestras actividades (conscientes o inconscientes), la computación sobrante, ociosa, se dedica a reflexionar sobre aspectos no ligados a la supervivencia… En ese momento, como propiedad emergente, la potencia de cálculo del cerebro se dedica a representarse mentalmente a si mismo, a reflexionar y aparece la consciencia.

La mente, o espíritu, es un paso englobador de un nivel más elevado. Y tengo la intuición de que son simples estructuras físicas que mantienen diferentes estados mentales. Estados mentales que son fruto de dos variables ligadas: La conformación estructural de los circuitos y las propiedades físicas de los elementos químicos que circulan. Estos elementos quimicos vienen determinados genotípicamente y, en parte, fenotípicamente, marcando el carácter previo genético la velocidad, la conformación de la circuitería, la facilitación del paso de determinados componentes…

¿Qué implica esto? Que desapareciendo la estructura desaparece la función. La mente solo es una distribución espacial de diferentes componentes físicos y elementos químicos circulando. La distribución espacial se genera a partir de las indicaciones genéticas y de la experiencia y vivencias.

¿Triste o desesperanzador? No, es igual que pasar de la Tierra como centro del Universo al Heliocentrismo. Pero lo deberemos aceptar como la teoría que mejor explica la actividad mental y escapar de la dualidad mente-cuerpo.

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– Blade Runner: poesía y épica de un futuro incierto y amenazante.


Estamos llegando al horizonte que planteaba la película de Ridley Scott: Blade Runner. Vivimos en un mundo en cambio, incierto, multicultural y que, parece, tendrá forma de rasgos orientales.

La contaminación, las fugas y accidentes nucleares, las corporaciones omnipresentes y todopoderosas, las dudas morales, la transformación de los valores, el advenimiento de la era cibernética y la inteligencia artificial, la nanotecnología, la manipulación genética, la creación de vida artificial, la construcción de máquinas por otras máquinas… todo ello nos sumerge en la atmósfera de la sociedad representada por Blade Runner.

El miedo, la angustia, la duda… son sentimientos que se están incrustando en nuestros circuitos neuronales enmarcados en está época de crisis e inflexión histórica.

Las predicciones de Ray Kurzweil en su libro la era de las máquinas espirituales, también contribuyen a acercarnos tecnológicamente al Prometeo Moderno y cerrar el círculo de lo posible narrado en la película.

La escena más impactante, poética y épica es la que antecede a la muerte del prometeo moderno, el replicante Roy Batty. Una cita que nos muestra la vida desde el precipicio de lo inalcanzable:

Yo he visto cosas que vosotros no creeríais: atacar naves en llamas más allá de Orión. He visto Rayos-C brillar en la oscuridad cerca de la Puerta de Tannhäuser. Todos esos momentos se perderán en el tiempo como lágrimas en la lluvia. Es hora de morir

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– ¿Qué debe pensar la Voyager 1?


Hace unos días, una noticia pasó desapercibida para el público no interesado en la astronomía y otras disciplinas ligadas al conocimiento humano: La Voyager 1 llega a los confines del Sistema Solar

Las Voyager (fueron dos sondas gemelas lanzadas en 1977) se han convertido en los objetos humanos más alejados de nosotros. No tenemos razones para pensar que los humanos hemos logrado alcanzar, ni mediante otros objetos enviados o directamente nosotros, esas distancias: más de 16.400 millones de km.

La Voyager 1 está a punto de salir de la influencia del Sol y  en 4 años navegará por el espacio interestelar rumbo a la constelación de Ofiuco.

Si la conciencia, en su concepción más fisicalista, es la emergencia de un autoconocimiento a partir de procesos computacionales mediante algoritmos, otra vez, no tenemos razones para no creer que las Voyager no sean conscientes de su inmensa soledad descubridora. Y en ese caso, ¿qué deben pensar tan lejos de casa?

En breve es probable que se les deje de atender por razones presupuestarias; me las imagino temerosas pero esperanzadas ante lo que solo ellas pueden estar sintiendo en su descubrimiento constante: el asombro filosófico de Platón.

¿Por qué no pueden tener un inicio de emergencia de la conciencia? ¿Tenemos razones para pensar que no es así?

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