– Sobre los autoengaños, Esopo explicaba:


El asno que cargaba una imagen

Una vez le correspondió a un asno cargar una imagen de un dios por las calles de una ciudad para ser llevada a un templo. Y por donde él pasaba, la multitud se postraba ante la imagen.

El asno, pensando que se postraban en respeto hacia él, se erguía orgullosamente, dándose aires y negándose a dar un paso más.

El conductor, viendo su decidida parada, lanzó su látigo sobre sus espaldas y le dijo:

-¡Oh, cabeza hueca, todavía no ha llegado la hora en que los hombres adoren a los asnos!

Nunca tomes como tuyos los méritos ajenos.

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– Las cosas comienzan a tener sentido


Hoy nos hemos sorprendido por una noticia esperada y conocida.

Los medios se han hecho eco:

Un abogado detenido por estafa, intrusismo y falsedad documental

Lamentablemente, esa persona era el  supuesto abogado que gestionó los trámites de mi divorcio.

Salut y justicia.

El convenio


Al fin ha llegado. Ya tengo por escrito las condiciones que pone mi, pronto, ex-mujer. Es un convenio escrito como si fabricaran churros. Su abogada, cambia el nombre de mis hijos, la fecha de nacimiento, dice que tengo solo una hija… en fin, que se nota que tiene una manivela de hacer churros y eso es a lo que se dedica. Copia y pega que yo pego pelotazo.

Y es que debe ser un chollo ser abogado o abogada matrimonialista. Normalmente los esposos no son delincuentes ni personas versadas en los oscuros entresijos de la práctica de la justicia, con lo cual no se dedican a aprovecharse de las oportunidades que deben tener los vacíos legales o las estrategias procesales de otras personas que se enfrentan a dictámentes jurídicos de forma habitual. Puesto que es un negocio rentable y fácil, el desinterés por el trabajo bien hecho y con calidad, así como la situación del otro cónyuge les trae al pairo.

Y, tachín… ¿cuánto pide? Con la pensión más la hipoteca lo suficiente para dejarme en la indigencia con 400 € con los que, además, debo pagar impuestos de la casa (en la que no vivo), material y libros escolares, actividades extraescolares, sanidad privada… Uff, ¡qué me ahogo! ¿Cómo piensa que puedo vivir? Bah ! No importa, ya se buscará otros trabajos -debe pensar-, mientras yo me toco el tocador que vivo de lo que me dé. Lo lamento pero es que estoy soltando lastre. Solo me queda pedir perdón por ser padre de mis hijos.

Estaré en la indigencia y me pregunto cómo podré pagar lo que necesiten mis hijos los días que tengo derecho a estar con ellos. ¿Acaso debemos estar los cuatro en la habitación de la casa de mis padres a donde voy a ir a vivir (recluirme)?

Mejor que escriba y suelte lastre…

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