La guadaña


Antes de hacer mi primer Camino de Santiago vine de vacaciones a Galicia con 4 amigos. Viajábamos en coche y dormíamos en tienda de campaña (de esas pesadas de antes del Cambio Climático y de Decatlhon). Nos fascinaba aquella Galicia, más alejada de la situación social y económica de la Catalunya del momento. No habían enriquecido a los gallegos los tragimanejes de los contrabandistas. En esa época Galicia era muy rural similar a las películas “El Bosque Encantado” o “Amanece que no es poco” Nos impregnamos de música del lugar: Milladoiro, de libros sobre leyendas y tradiciones y al cabo de una semana estábamos acojonados en cuanto se ponía el Sol. Supimos que las leyendas explicaban que la Santa Compaña era una procesión de ánimas en pena que vagaban por la campiña por las noches con un vivo que portaba una cruz a la cabeza de la procesión. Éste deseaba encontrar otro vivo para librarse y cargarle la cruz y la procesión.

Las historias de Meigas y la muerte con su guadaña nos acongojaban y, siendo todos universitarios, no pudimos evitar ciertos momentos de miedo y pánico. Estábamos preparando el lugar de la acampada cuando, con el sol ya escondido, vimos aparecer en el camino una guadaña que ascendia. Era un pequeño cambio de rasante y debajo de la guadaña vimos que era portada por una vieja que sonreía desdentada, absolutamente de negro y tapada con velo del mismo color. Nos miramos sin articular palabra, y sin dar razón a lo que nuestra mente nos decía que era imposible, nos juntamos y temimos lo peor. Al cabo de unos segundos apareció un hombre, debía ser su hijo, e iba montado y sonriente en un motocultor. Agradecimos tanto esa situación cómica que rompía con la que temíamos, que respiramos aliviados. Era un ejemplo del estado mental y emocional en que nos encontrábamos. Pasamos miedo y tensión. Fue emocionante.

Al año siguiente Pepe y yo hicimos el camino (ambos habíamos estado en las vacaciones anteriores), recorrimos la Galicia interior durante horas y horas, también por el atardecer, y no vimos nada extraño ni nos envolvió el ambiente del año anterior. Pisamos.el terreno y la Santa Compaña no apareció. Otro mito desmentido… Creo…

Hoy he recorrido los mismos caminos desde Samos a Barbadelo, pocos kilómetros. Voy un día adelantado y no sabía si quedarme en Sarria o adelantar. Tras pasar unas horas leyendo periódicos atrasados, la prensa del corazón (sic), mapas y rutas, después de hablar de política con los lugareños y hacer compras de intendencia alimenticia he optado por llegar a Barbadelo. El camino ha sido hermoso, verde, frondoso, con niebla y con lluvia finísima! calabobos. Es la Galicia profunda, intensa, bellísima, que sube y baja por sus montañas. Vale la pena que lo hagas, sobre todo si debes olvidar problemas con la ex o si deseas reflexionar mientras gozas del trayecto.

Para comer en Barbadelo “La casa de Carmen” y para pasar un buen rato con el barman, “el bar de la escalinata” enfrente del albergue público de Sarria..

He disfrutado de la conversación agradable, bajo un gigantesco roble, cervezas y vino, con los que estamos albergados en el pueblo.

La tormenta amenaza, no llueve, espero que mañana aguante.

SALUT y CUSTODIA COMPARTIDA YA

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