La derrota del Tripartit y, sobre todo, del PSC que no ha entendido que una cosa es España y otra Catalunya,
se reflejaba hace unos meses en la gestión del Tibidabo: una cosa son los resultados económicos y otra los ciudadano por los que deben velar.
Me encontré con el desagradable accidente, junto a uno de mis hijos que ilusionado, por primera vez, se montaba en una atracción de mayores: el péndulo.
Tengo muy vívida la imagen que vimos los dos, como en una terrible pesadilla, y que no podía ser real: el péndulo se balanceaba lentamente y finalmente caía sobre otra atracción. Eso sí que era el pasaje del terror.
Igual que en las películas de terror, la gente gritaba y corría, llamadas a los móviles, niños llorando, padres evitando que los niños vieran el desastre y la sensación de que el tiempo se había parado.
Mi hijo fue un valiente, aceptó ir a ayudar a pesar del pánico que producía el accidente. No nos dejaron ayudar, nos querían aislar.
En ese momento me di cuenta de cómo se gestionaba el Parque de Atracciones del Tibidabo y que la gestión del Tripartito, y sobre todo del PSC era un riesgo para los ciudadanos. No tenían claras las prioridades.